[PROFILE] Degustación de vinos

Miércoles. 20 hrs. Restorán Oporto. Mi primera cata de vinos. En un espacio exclusivo, la viña Hacienda Araucano acogía a sus invitados y nos disponíamos alrededor del relato que Luca Hodgkinson, (el nuevo Director Técnico de Sudamérica de las viñas de Francois Lurton (Hacienda Araucano y Bodegas Lurton)) hacía de cada uno de los 4 vinos que nos presentaron.

Fue mi primera cata, pero no mi primera copa. Y por lo mismo, mi único acercamiento al vino había sido de manera empírica e intuitiva también. Y en la cata me confirmaron cuan válida era mi intuición, mi razón por las que más disfruto del vino: esperar el aluscinante efecto del vino y la comida que lo acompañe.

Cada una de las cepas y del bocado específico que acompañaba a cada uno, eran viajes diferentes. Permítanme utilizar el concepto revisitado de “viaje” como un hecho verídico que tuvo lugar en mi paladar.

La primera cata con el Carménère reserva 2008 marcó un punto álgido. Hicieron el amor en mi boca (jajaja) un bombón caliente (sí, un bombón envuelto en papel!) de jamón serrano relleno de queso de cabra y romero y un poco de este Carménère. La sensación principal: la fuerza de esta cepa, su aroma especiado y la determinación de sabores de los ingredientes del bombón. Buff, quedé estampada, cual efecto “push-in” (movimiento óptico y de cámara que inventó Hitchcock para retratar una revolución de sensaciones interiores de un personaje http://www.youtube.com/watch?v=Y48R6-iIYHs).

Luego, pasamos a probar un assemblage no menos complejo y sorprendente constituido de un carménère franc, carménère y syrah. “Clos de Lolol” es un vino más suave pero para narices exigentes. Una de sus características principales es el dejo frutal (cassis, mora, trufa…), que el sommelier decidió potenciar con una caluga crocante rellena de un “líquido de cetas” (tal cual) propulsando un viaje levitado hasta los bosques del sur. Así-no más.

El siguiente fue un siempre bien ponderado Cabernet sauvignon reserva de 2005, que marcó la cata como plato de fondo con un acompañamiento de puré de garbanzos y filete. Fue mi preferido. De hecho no anoté nada. La mezcla me dejó “tranquilita” como digo yo cuando algo me repercute con certitud.

Me había sorprendido todo tanto, que fuera cual fuera el próximo vino, no podrían superar la taza de impresiones que esta cata había alcanzado. Mas no. Un Late Harvest del 2008 terminó por bofetearme. Como un postre perfecto. Un vino dulce pero fresco! Luca describió algunas de las frutas que lo constituían como limón confitado (!), pomelo (!), pera almnibarada y menta. El bocado que el sommelier Ricardo Grellet creó fue un trozo de pera baby sobre una pasta dulce de coco. Señores, muy sorprendente, la transformación de sabores al mezclarlos… nooo!!

Además sin contar la sorprendente experiencia de mis cuatro viajes vino-psicodélico, aprendí también lo que es una pierna en el rubro de la enología: la gota que se desliza más o menos lento por la copa definiendo la calidad de un vino.

Monsier François Lurton, châpeau!

* Texto por Elissa Broussain.

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